Este sábado 21 de abril participé de la cuarta versión de Trail Corriendo Entre Viñedos. Esta competencia organizada por la Ruta del Vino del Valle de Curicó tiene su partida y meta en la Viña Las Pitras, Ruta J-60 km 27, Comuna de Rauco.

Esta era la primera ocasión en que participaba, y basándome en los videos que revisé, y en mi propia imaginación, me había formado una imagen bastante distinta de lo que realmente viví. Debo decir, en términos generales, que para bien.

La prueba se presenta en 3 distancias: 5, 10 y 20 kms. Las que tienen partidas diferidas cada 15 a 20 minutos. Yo participé en los 20K.

Algo después de las 9:30 encajonamos para escuchar la charla técnica por parte de Patricio Bustamente. Nos cuenta que partiremos dando una vuelta por dentro del recinto de la viña, el que nos acercará a la ribera del Río Mataquito, de allí continuaremos acercándonos nuevamente al camino para cruzarlo por debajo, por medio de una tubería que pasa bajo la ruta. Luego comenzaremos el ascenso por una zona boscosa. La verdad es que no tomo mucha atención a sus palabras, la emoción y mis propios pensamientos pueden más, y en mi memoria solo quedan retazos desordenados de lo que se nos dice.

Algo antes de las 9:45 se da la largada. Parto bastante rezagado junto con los Arturos Sánchez (padre e hijo), con quienes comparto a lo largo del recorrido. Tranquilos superamos a algunos corredores que van más lento. La superficie es arenosa y muy esponjosa. Luego de rodear un parronal y acercarnos a la orilla del río, retornamos hacia el camino, no sin antes cruzar varios puentes de madera, entre ellos uno colgante que se balancea con nuestro trote, lo que nos obliga a disminuir el ritmo para mantener el equilibrio.

Al cruzar la ruta nos encontramos un terreno de tierra vegetal, no tan esponjosa pero tampoco dura. Paulatinamente nos vamos internando en un bosque de especies nativas. Podemos ver boldos, litres y espinos entre otras especies propias de la zona central. La vegetación es espesa, y la sombra genera un ambiente acogedor y protegido. En la medida que la pendiente aumenta asumimos un ritmo más de trekking que de carrera. A pesar de la sombra comienzo a sentir mucho calor y a sudar copiosamente. El terreno cubierto de hojas se siente agradable, aunque a ratos algo inestable y resbaladizo. En un cierto momento, Arturo padre se comienza a adelantar y nos deja. Continuamos disfrutando de esta aventura que más allá de pequeñas hondonadas se mantiene ascendiendo.

Lentamente la espesura cede. El paisaje es más seco y pedregoso. El sol ya pega fuerte, y el cielo se ve azul y despejado. Las cimas se recortan contra ese cielo y el valle a nuestras espaldas se muestra verde y majestuoso. Hemos avanzado bastante, estimo que ya más de 5 kilómetros, sin embargo, el ruido de los parlantes con que se anima el evento en la viña aún llega a nuestros oídos. Continuamos subiendo.

Después de un buen rato alcanzamos un camino vehicular, allí nos espera el primer punto de hidratación. Agua y Powerade. Yo bebo 2 vasos. Nos informan que ya van 10 kilómetros, y que debemos continuar subiendo por ese camino. Pensamos que sería un poco, pero este vagar y ascender por un camino se prolonga por los siguientes 5 kilómetros. Es la parte más aburrida del desafío, y ese tedio hace que entremos en un modo bastante automático. De a ratos, cuando notamos que la pendiente cede, aprovechamos para trotar, cuando se vuelve más fuerte, tan solo caminamos. El camino discurre entre un bosque de pinos. Pero su sombra no alcanza a la ruta, y el sol nos continúa golpeando.

Finalmente nos encontramos con el segundo puesto de hidratación. Agua, Powerade y Coca Cola sin azúcar. Consumimos una lata, y luego de cruzar una pirca por fin retornamos al cerro. Nos encontramos una mezcla entre pinos y arbustos.

De a poco va aumentando la espesura. El bosque nos va rodeando, el suelo se cubre de virutas de pino, y el sendero estrecho desciende entre los árboles dejándonos por fin dar rienda suelta a nuestras ansias de correr. Se disfruta la brisa, el paisaje y las bellas sensaciones que nos rodean. Luego entramos a una zona en que se van alternando sectores más abiertos con otros de mayor vegetación. Mayoritariamente continuamos descendiendo. El valle se puede apreciar, y comenzamos a soñar con que pronto podremos cruzar la meta.

De pronto el paisaje cambia abruptamente. La ladera está cubierta de parronales. Cientos de hileras de viñedos se extienden ante nuestros ojos. Entre ellos vemos a nuestro amigo Mauricio Quintanilla de Corredor Promedio. Le hacemos señas mientras avanzamos. El viene a nuestro encuentro.

Ahora la ruta discurre cerro abajo entre las parras. El suelo cubierto de hojas y ramas cruje bajo nuestros pies, y hace un poco inestable nuestro trote. Salimos de ese sector a un sendero que lo rodea. Vemos el camino algo más abajo. Pero la ruta de la carrera va hacia otra parte. Volvemos a subir bordeando las parras y continuamos ascendiendo aún más. Nos movemos en esa zona que está entre el bosque y los viñedos, hasta que nuevamente volvemos a bajar entre ellos.

De este modo, corriendo entre las parras, volvemos a llegar al punto donde atravesamos la carretera por debajo. Regresamos a la viña. Y bordeando el camino vamos acercándonos a esos parronales que rodeamos al salir. Pero ahora cruzamos entre ellos. La sensación de pisar hojas y ramas nuevamente, pero ahora sin la pendiente que nos desestabilice.

Salimos a un ultimo sendero. Al fondo se ubica la meta. Frente a ella se ubica una cara conocida con los brazos en alto. Es mi amigo Arturo Sánchez, el padre, que en una mano sostiene mi medalla de finisher y en la otra una copa de vino. Me las entrega y cruzo con los brazos en alto el arco de meta. He terminado, y a pesar del cansancio y el sudor, estoy contento de lo realizado, y esperanzado de repetir la experiencia.

Fue una carrera dura, mas allá de lo que esperaba. Con grandes sectores en que se disfrutaba de un contacto intimo y reconfortante con la naturaleza y la montaña. Que, de no haberse alargado con ese largo tramo de camino vehicular, habría sido casi perfecta. Pero que, incluso a pesar de ello, llama a revivirla y recorrerla nuevamente.

Solo cabe agradecer a los organizadores por la invitación. A Mauricio Quintanilla por el apoyo. A Corredor Promedio por sus fotografías en la ruta. Y a Arturo, a los 2, por su amistad. Gracias, y nos vemos en noviembre en la próxima fecha… 

Andres Reisz

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