Participar en Snow Running, organizada por Olimpo Producciones, en Punta Arenas, era una inquietud que me venía dando vueltas desde que el año pasado Mauricio Quintanilla me relató su experiencia de participación.

Olimpo es una productora con una visión bastante interesante. Gusta de incentivar a que sus competidores habituales se comprometan con nuevos desafíos. Por ello, por segundo año consecutivo, sorteó entre aquellos que participaron de las 4 fechas de la Vuelta a la Laguna de Aculeo de este año, inscripciones con pasaje y estadía completa para el Snow Running en Punta Arenas. Este año yo fui uno de los 4 felices afortunados.

Para los que no la conocen, Snow Running es una carrera que se desarrolla en el Club Andino de Punta Arenas, cada año a fines de agosto, sobre 2 distancias: 10 y 20 kilómetros, sobre un circuito de 10 km, que se recorre con raquetas de nieve en el Centro de Ski Cerro Mirador. Este año la prueba se desarrolló el domingo 28 de agosto. Técnicamente es una competencia bastante dura, tanto porque se realiza sobre una superficie poco habitual, la nieve, y usando un elemento aún menos común: las raquetas, como por el hecho de que las condiciones meteorológicas en la región son sumamente cambiantes. Considerado esto, y para no pasar sustos me inscribí en los 10K.

La prueba en sí misma se vive en varias etapas. Formalmente se corre el domingo, pero el sábado en la mañana se realiza una clínica para conocer y aprender a usar las raquetas. En mi caso, la experiencia fue bastante especial, dado que al tener experiencia con la nieve como esquiador desde hace más de 35 años, esperaba que esto me diera alguna ventaja. Ciertamente sirvió, pero el modo de moverse y la técnica son totalmente distintas. Si en el ski el objetivo es deslizarse controlando la velocidad, con la raqueta lo principal es el equilibrio, y el lograr que cada paso sea preciso, seguro y firme. Después, con la práctica, se puede ir aumentando la frecuencia de los pasos e iniciar el trote. Significa un desgaste a nivel muscular, algo mayor (se nos dijo que puede ser entre un 30 a 40% mayor que el trotar sobre otras superficies), y el uso de los grupos musculares de manera diferente. Luego de la clínica tuve el convencimiento de que no en pocos sectores de la carrera la estrategia de caminar a paso rápido, probablemente para mí sea una mejor opción que el trotar o correr. En otros, el trote seria la consigna.

El día estuvo claro con nubes altas al iniciarse, para durante el desarrollo de la clase ir paulatinamente apareciendo el sol, iluminando el paisaje con brillo y colores hermosos. Por la tarde del sábado se realiza la entrega del kit de competencia. Para posteriormente realizarse la charla técnica.

El domingo, el día amaneció con una llovizna persistente. Con esta información en mente, más los datos recibidos durante la charla de la noche anterior, tuve que decidir la ropa con que participaría. Después de darle algunas vueltas, decidí que lo mejor era asumir que si igual me iba a mojar (sea por la lluvia que cae, la nieve que se levanta al correr o el sudor), debí preocuparme de no acalorarme, por lo que partí con una primera capa y la polera de la competencia. En la mochila llevaba un cortaviento por si acaso, el que no tuve necesidad de sacar.

“Olimpo es una productora con una visión bastante interesante. Gusta de incentivar a que sus competidores habituales se comprometan con nuevos desafíos.”

Al iniciarse la prueba, minutos después de las 10, llovía con suavidad. Esta condición debe haberse mantenido por aproximadamente unos 30 minutos, para después cesar con tanta prontitud como había comenzado. El cielo estaba cubierto de nubes altas, pero la visión permitía ver el Estrecho de Magallanes, e incluso, insinuarse la sombra de Tierra del Fuego. Aprovechando la experiencia de la clínica del día anterior, partí bastante retrasado (para no molestar a los que van más rápido), pero comencé muy pronto a sobrepasar a varios participantes que iban rezagándose. La idea era asumir un ritmo de caminata rápida, más que de trote. Dada la lluvia no se había hecho un buen calentamiento, por lo que durante un rato, las piernas pesaron un poco. Pero una vez superada esta etapa, comencé a deleitarme. Esta primera parte, se desarrollaba principalmente ascendiendo por dentro de un bosque de lengas. De vez en cuando me volvía para mirar hacia el valle, y la grandeza del paisaje me sobrecogía.

Al llegar al mirador, primer punto de control, converso con la patrulla que está allí: “¡Qué belleza!” – exclamo mirando el paisaje- Ella con una sonrisa dice: “lo siento, pero no siempre estoy aquí”. Desde allí venia una bajada y después nos internábamos en un bosque de lengas. Esa parte, era una muy entretenida prueba de obstáculos, en que debíamos ir haciéndole el quite, pasando por arriba o debajo de ellos, a los troncos que estaban atravesados en el sendero. Al salir de este sector, nos encontramos con que debíamos ascender por una pequeña hondonada por cuyo fondo discurría un arroyuelo, la mayor parte del tiempo se lo podía evitar, sea porque el sendero iba un poco por el lado, o porque el agua corría por debajo de una capa firme de nieve y hielo. Pero en un punto, todos los intentos fueron vanos, y lo más simple fue sumergir el pie en el agua. No es la primera vez que debo hacer esto, y la verdad es que, más alla de la sensación de mojarse, y del golpe de frío que se recibe. Esta pasa muy rápido, y el mayor riesgo que se corre es que la humedad en conjunto con el roce del calcetín y el calzado produzca alguna ampolla. Para salir de esta zona se debía hacer uso de otra de las técnicas aprendidas el día anterior: usar la púa que se ubica en la punta de la fijación del zapato a la raqueta. Para ello hay que caminar en la punta del pie, lo que hace aflorar el total de la púa. Esta tecnica es ideal para aquellos ascensos de mayor pendiente.

Una vez superada esta subida, nos encontramos con un área bastante despejada en la que podemos apurar el paso. La pendiente es bastante suave y a pesar de que no había mucha nieve, las raquetas entregan un buen agarre y estabilidad. Estas condiciones se mantienen casi durante todo el trazado entre los puntos de control 2 y 3, superado este último nos encontramos con una zona dominada por varias antenas y torres, una esfera o domo con aplicaciones metálicas llama nuestra atención. Justo frente a una de esas torres, a una de las más grandes, debemos girar abruptamente, e internarnos nuevamente entre la vegetación. Algo mas allá nos encontramos con una brusca bajada que nos invita a sentarnos en la nieve y deslizarnos colina abajo entre los árboles. No es la primera vez que utilizamos esta técnica ese día, más bien yo diría que ya la habíamos usado unas 3 veces antes, pero es una de las bajadas más rápidas, y con más árboles en la que lo hacemos. Nos detenemos al agarrarnos del tronco de un árbol. Y apoyándonos en él nos ponemos de pie.

“Reímos, cantamos, comimos y corrimos. Fuimos felices haciendo lo que más nos gusta con otros locos iguales a nosotros.”

Ahora el sendero discurre por entre árboles bastante altos y con muy pocos obstáculos en el suelo. Las condiciones son óptimas para ir rápido. De a poco voy alcanzando a algunos corredores que me antecedían. Y si antes había superado a unos pocos, en esta zona logro adelantar a varios más. La pendiente descendente se nota y ayuda. Al salir del bosque, enfrentamos una pequeña subida para alcanzar la pista de ski. Al asomarnos a ella podemos visualizar las construcciones del Club Andino, y la torre inicial del andarivel. Esta es la señal de que la carrera está llegando a su fin. Según lo informado el día anterior, nos deberían faltar alrededor de 300 a 500 metros. La pendiente es mayor que antes pero manejable. Visualizo que algo más adelante se encuentran 3 o 4 personas que parecen moverse a un ritmo menor al que llevo. Me apuro, los alcanzo y supero con cierta tranquilidad. Un poco más adelante, la púa de una de las raquetas se clava en la nieve y me tropiezo. Me levanto rápidamente y empezó a trotar suavemente. Al ver la meta aumento el ritmo y la supero. Del otro lado me encuentro con Rodrigo Salas, quien me abraza, felicita y entrega la medalla de finisher. Lo logré en 2:30 horas, un tiempo bastante bueno para un corredor promedio como yo. Me siento feliz y con ganas de seguir corriendo. Lo he pasado tan bien que me gustaría haber hecho los 20 kilómetros. Para otra vez será.

Una vez que todos los corredores de ambas distancias han cruzado la meta, como es tradición en la pruebas organizadas por Olimpo, en las que se espera siempre al último para iniciar la premiación, nos juntamos frente al arco de meta para reconocer a los ganadores de cada categoría. Llegada mi categoría, sorpresa, descubro que he salido segundo, y que además entre el primero y el cuarto no hubo más de 4 minutos, es decir, que fue una categoría bastante pareja.

En resumen, fue un fin de semana fabuloso, en que se conoció lugares y personas nuevas, se disfrutó de la hospitalidad de la gente de la maravillosa región de Magallanes. Reímos, cantamos, comimos y corrimos. Fuimos felices haciendo lo que más nos gusta con otros locos iguales a nosotros. Es difícil imaginar que más se le podria haber pedido a estos días.

Deseo agradecer en primer lugar, a Rodrigo y Marcela por la invitación a participar en el Snow Running. Felicitarlos por la organización y el cuidado que pusieron en cada detalle. Además, hay que felicitar a Enrique Garín, por diseñar un circuito bello, variado y desafiante, y por la muy completa clase sobre el uso de las raquetas que nos dio. Debo agradecer a mis compañeros de aventura: Mauricio, Luis, Hernán, Sergio, Osvaldo, Leonardo (el Colo), Ricardo y Fernanda, con quienes compartí estos días, y con quienes de seguro continuaremos encontrándonos muchas veces. Gracias amigos. 

Andres Reisz

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