Estamos en la ciudad de Concepción, más específicamente en la entrega de kits de la primera edición de la corrida que conmemora los 120 años de la Clínica Sanatorio Alemán y tenemos la oportunidad de conversar brevemente, después de la foto de rigor, con un corredor que nos cuenta que esta será la primera competencia en la que participará después de un año de inactividad producto de un accidente en moto. Se le desea suerte y nos despedimos.

Al día siguiente, es decir, el día de la carrera, los tempraneros rayos de sol auguran un panorama espectacular para esta corrida producida por Olimpo Producciones y que cuenta con dos distancias; 10K y 2.5K. Ambiente de fiesta en el Parque Bicentenario de Concepción previo a la carrera.

Son un poco más de las 9:00 am y empieza la carrera con la largada de ambas distancias. Nos empezamos a mover en el recorrido buscando las mejores ubicaciones para tomar fotos. Llegamos al punto de retorno de los 2.5K y aprovechamos para tomar fotos en la ida y vuelta. El ambiente es muy familiar. Muchos niños corriendo acompañados de adultos, y muchas risas en las caras de todos. Pasa el último corredor de la distancia recreativa y empezamos a correr en búsqueda de los primeros corredores de la distancia competitiva, es decir, de los 10K.

El el Puente La Mochita aparece el primer corredor, Iván Chavez, seguido a pocos metros de Hugo Catrileo y de Jean Pierre Roa. La primera mujer en aparecer es Giselle Alvarez, seguida de Wissny Mathwes y de Maritza Merino, posiciones que se mantendrán hasta el final.

Seguimos avanzando tomando fotos a los competidores y a lo lejos se puede ver la ambulancia que viene cerrando la carrera. Se le toma fotos un corredor y empezamos a correr a su lado. El destino, azar o la necesidad (como quieras llamarle) quiso que fuese el mismo con el que habíamos conversado en la entrega de kits. Su nombre es Roberto Lara y ahí estaba, aproximadamente en el kilómetro 6 de la carrera que un año después lo vio volver.

Lo primero que pregunta es si viene en última posición, le digo que no, que atrás de él hay dos corredores escoltados por la ambulancia. Y así, corriendo, empieza a contarnos de su vida. Habla de lo duro que fue estar un año de las pistas, del peso que ganó en ese año de inactividad y de las ganas que tenía de volver, casi evangelizando acerca de lo bello del deporte y de la importancia de estar sanos para poder hacer lo que nos gusta. Y la importancia de ser agradecidos. Con la vida, con la familia, con la gente que cree en uno, con la gente que no cree en uno, en fin, dar gracias por estar vivos.

Pasan algunos minutos y de repente nos damos cuenta de que la ambulancia está detrás de nosotros. Eso solo puede significar una cosa: los dos corredores que venían detrás se subieron a la ambulancia, lo que convierte a Roberto, ipso facto, en el último corredor.

Claramente esta situación no fue de su agrado, así que acelera un poco el paso, su respiración se hace un tanto más agitada, aunque no lo suficiente para evitar que siga con su relato, y empieza lentamente a ganar posiciones. En su cabeza está el querer demostrar a su familia, a sus hijos y nietos que se puede volver después de un accidente. También nos cuenta que muchos de sus amigos no creían que fuese posible que volviese a correr. Esto, lejos de desmotivarlo, le dio más fuerza y le permitió hacerles una apuesta a sus incrédulos amigos de que volvería a correr.

Los últimos metros son emotivos, el animador dice su nombre por los parlantes y claramente de algún lado saca fuerzas escondidas para apurar el tranco. Cruza la meta y todo es felicidad.

Para el recuerdo quedará que finalizó la carrera en 1:12:00, en 10° posición de la categoría 50-59 años y que finalmente adelantó a tres corredores desde que supo que iba último, pero lo realmente importante es su historia, la historia de un maratonista que por causa de un accidente perdió un año de correr, pero que a los 57 años vuelve a las pistas, no solo para retomar el deporte, sino para nunca dejarlo. 

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