Cuando hace algo más de una década comencé a practicar el running, lo hice casi simultáneamente tanto el calle como en cerro, ya que un profesor de mis hijos gustaba de correr por los cerros de Lo Barnechea, y nos invitaba a acompañarlo.

En esa época no sabía de trail, ni de otros conceptos que hoy se utilizan para describir las actividades del running “fuera de pista”. Lo que sí me era claro, es que ambas actividades eran muy distintas, tanto en sus ritmos, como en las maneras de correr (grupos musculares involucrados, impactos, etc).

Con el tiempo, y la práctica más sistemática de ambas actividades he llegado al convencimiento de que el trail puede ser un gran aporte para el corredor de asfalto. Veamos qué cosas he aprendido de los cerros:

  1. Dado que la normalidad en el trail es la existencia de desnivel, el correr en cerros nos enseña a manejar los ritmos y las técnicas adecuadas para correr en subidas y bajadas. Esto a la larga supone una ventaja cuando afrontamos en calle los desniveles, los que por lo general, casi siempre, serán menores que los que encontraremos en el cerro.
  2. El correr sobre una superficie más blanda reduce el impacto sobre las articulaciones. Sin embargo, al ser una superficie más irregular, y no en pocas ocasiones más suelta, obliga a correr más liviano, puesto que en la medida que los pasos minimizan su tiempo de contacto con el suelo, el riesgo de que el material bajo los pies se deslice se reduce notablemente. Así mismo como que nuestros tobillos deben ir algo más relajados para adaptarse a las irregularidades del terreno. Claramente al correr más liviano y relajado, nuestro consumo energético se reduce.
  3. El correr en cerros normalmente se realiza a velocidades (ritmos) significativamente menores que los que se tienen en calle, por lo que habitualmente los tiempos que se está corriendo tienden a ser mayores. Esto permite que el corredor se acostumbre a estar más tiempo corriendo, lo que es un beneficio para quien está interesado en abordar las competencias de más largo aliento. Por lo tanto, el trail nos entrega un entrenamiento psicológico (y también físico) para enfrentar periodos prolongados de ejercicio.
  4. Por último, pero no por ello menos importante, el salir del ambiente congestionado de la ciudad, y conectarse con la naturaleza, complementa el efecto desintoxicante que tiene el deporte, y nos permite desconectarnos de la rutina y potenciar nuestra salud mental. Nadie sabe la sensación que se tiene al mirar las ciudades y los campos desde la altura, hasta que luego de correr un rato por un cerro, se detiene y observa el camino recorrido. 

Andres Reisz

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