7º Trail Corriendo Entre Viñedos. Como un oasis en medio de las suspensiones de carreras que hemos vivido durante el último mes, pudimos compartir el sábado recién pasado, 23 de noviembre, la séptima versión de Trail Corriendo entre Viñedos, en esta ocasión en el Fundo San José de Río Claro, perteneciente a Viñedos Puertas.

La prueba organizada por Ruta del Vino Valles de Curicó combina un bello trazado de trail, con una degustación de los mostos de la zona después de la carrera. Además de compartir una tallarinata. Como es habitual se ofrecen las distancias de 5, 10 y 20 kilómetros.

Participo entre los que recorreremos los 20K. La partida se da algunos minutos después de las 10:00 hrs, luego de haber recibido las instrucciones de Patricio Bustamante.

Luego de enfrentar una primera subida, comenzamos a serpentear entre los viñedos, rodeando las parcelas de ellos. El suelo de a ratos se siente algo húmedo, de a ratos seco y duro, y en otros polvorosos. El día nos acompaña, no hace frío ni calor, y las nubes impiden que el sol nos golpee con demasiada fuerza.

Los primeros 3 kilómetros, aproximadamente son comunes a las 3 distancias, y por los siguientes 4 a 5 continúan juntos los 10 y 20K. Técnicamente es un trazado relativamente simple. No hay desniveles abruptos, ni zonas que presenten obstáculos complejos. Permanecemos casi constantemente dentro de un camino de trabajo, con cambios de nivel suaves y agradables, que permiten mantener un buen ritmo de carrera.

7º Trail Corriendo Entre ViñedosEl marcaje de la ruta con cintas de colores (amarillo, azul y rojo respectivamente) es preciso, pero no excesivo. Además de ser bastante intuitivo el trazado. Por lo que es muy difícil perderse.

Desde el principio comienzo a disfrutar de cada una de las sensaciones que me rodean. El paisaje, el aire puro, los aromas y sonidos de la naturaleza. Corro sin sentir grandes sobre saltos, con placer.

Luego de separarnos de los corredores de 10 kilómetros comienza una zona en que me embarga la sensación de estar dentro de una serie de bucles espaciales. Rodeamos un viñedo en sentido horario, salimos a un camino, y llegamos a otro viñedo. El paisaje casi no presenta diferencias. Las parras a la derecha, los árboles a la izquierda. Incluso parece que los mismos pájaros nos sobre vuelan. Nos sabemos avanzando, pero pareciera que estamos repitiendo el mismo lugar. Aguzamos nuestros sentidos para captar las sutiles diferencias, y disfrutamos de la paradoja también.

Poco antes del kilómetro 15 encontramos el último punto de hidratación. Antes habíamos tenido 2, aproximadamente a los 3.5 y 7 kilómetros. El camino está bloqueado por una cinta roja, y se nos indica que nos adentremos entre las hileras de las parras. Nos sumergimos entre los arbustos. El suelo es disparejo y está cubierto de hierbas y rastrojos. La sensación es de inmersión total. Salimos a un camino para volver a entrar entre las hileras.
Así vamos alternando camino e hilera por los siguientes kilómetros. Finalmente visualizamos a lo lejos la meta. La ruta nos aleja del camino, y nos hace correr entre el límite de un viñedo y el camino vehicular que se va alejando, es como una pequeña hondonada. Las marcas, bastante seguidas, nos dicen por dónde ir. Y es así como, finalmente nos indican que entremos en esa ultima hilera. Al fondo está el arco de meta, y una persona que sostiene en una mano una copa de cristal y en la otra la medalla de finisher, las que en cuanto cruzo la meta procede a entregarme.

En resumen, recibimos exactamente lo que se nos ofreció. Corrimos permanentemente entre viñedos. Disfrutamos de la belleza del campo vitivinícola de la zona de Curicó, y de la alegría de correr rodeados de naturaleza. De sentirnos vivos, extremadamente vivos y felices. De correr con amigos.

Deseo agradecer a Patricio Bustamante y Alejandra Inda por la invitación a tan bella carrera, y a todos los grandes amigos de siempre con quienes compartí esta experiencia. 

Andres Reisz