Existe una costumbre bastante extendida entre los corredores, prestar (o vender) su número si no van a poder utilizarlo en alguna competencia. Es una práctica bastante común, incluso podemos encontrar anuncios en las redes sociales que dan cuenta de esto. Cuántas veces hemos leído: “Compro número para la carrera XXX” o “¿Alguien tiene una inscripción para la carrera YYY que me preste?”

Quien posee la inscripción habitualmente razona de la siguiente manera: “Pagué por esta carrera y no puedo correrla. Sería una pena que se pierda. Mejor que alguien la aproveche”.

Esta situación se ve “agravada” por el hecho de que normalmente las inscripciones no son reembolsables, por lo que sus propietarios están en la situación de la usas o la pierdes.

Pareciera que no se daña a nadie… ¿O sí?

Para el Maratón de Santiago unos amigos vivieron la siguiente situación. Uno se lesionó y el otro no alcanzó a inscribirse. Problema resuelto: Se prestaron el número. El problema fue que estaban en categorías diferentes, y además, tenían niveles absolutamente diferentes. Resumiendo la historia, el que corrió, según su tiempo, se hacía acreedor a un lugar en el podio. No lo reclamó y con eso su conciencia quedó tranquila. Al pasar de los días, una foto destapó la situación y ese número fue descalificado (acusados de comerciar con los números, lo que está prohibido en las bases de la prueba).

La reacción entre los amigos fue unánime: “¡Es un escándalo! ¿Cómo pueden hacer eso sin tener pruebas?”

Pero a mí me surgió el siguiente razonamiento. Si este amigo sacó el segundo lugar en esa categoría, quien realmente llegó segundo fue premiado como tercero, y el tercero se quedó abajo del podio. El intercambio de números no fue inocuo. En este y varios casos más hay daños colaterales.

¿Cuál es tu opinión de este tema? ¿Has corrido con un número prestado o comprado? ¿Has tenido algún tipo de inconvenientes? 

Andres Reisz

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